Los perros no quieren una vida “de perros”

Quién no agradece un día “de perros” como recompensa a una semana de trabajo. Realmente, nos apetece hacer “nada”.  Pero, por otra parte, quién no ha sentido alguna vez, sobre todo los que realmente disfrutamos con nuestro trabajo, ganas de volver a ponerse manos a la obra después de unas largas vacaciones -especialmente si una economía ajustada ha restringido nuestras escapadas de casa-. Y pensemos en tantas personas mayores jubiladas que se aburren, sin nada que hacer, y para quienes sería un regalo poder regresar a su puesto de trabajo, su antigua profesión…

Esta mezcla de sentimientos ocurre para muchos de nuestros perros, a pesar de que no seamos plenamente conscientes. Muchos perros viven una vida de jubilado, sin Imserso, obligados a vivir perpetuos días “de perros”, ansiosos por comenzar a trabajar.

Todos los perros son o provienen de razas de trabajo; es algo natural (instintivo) en ellos. Necesario. Estar horas siguiendo al rebaño y las indicaciones del pastor; correr durante horas tirando de un trineo; buscar durante jornadas rastros de olores… y así una lista sin fin. Todas ellas tienen dos cosas en común, que son relevantes para este artículo. La primera es que trabajaban por largos periodos de tiempo; la segunda, que lo hacían bajo indicación del hombre. Cuando trasladamos todo esto a nuestro perro “casero”, nos encontramos que su trabajo es:  por la mañana, 15 minutos de oler pipis; luego, 4 horas “de perros” mientras trabajamos; más tarde, comer; 15 minutos más de oler pipis;  4 horas más “de perros” hasta que llegamos del trabajo; 30 minutos de tiro la pelota, la traes…tiro la pelota, la traes…tiro la pelota… así los 30 minutos, menos 2 de oler pipís, y para casa a cenar y echarse a dormir otras 8 largas horas “de perros” hasta el día siguiente. Aunque sintetizado y un poco exagerado (hay muchos que no los sacan tanto), seguro que no se aleja demasiado de “alguno” que conozcáis.

Debemos ser responsables con las necesidades de nuestro perro, y una de ellas es tener un trabajo en su día a día. Nuestro deber consiste en proporcionárselo y dirigirlos para que lo realicen correctamente.

Un trabajo que me encantaría hacer si fuera perro sería el de “vaciador” de tuétano de codillos. Tirarme dos o tres horas al día rebañando esos deliciosos huesos. Cuando miro a mis perros con uno de esos, veo en sus caras lo que es disfrutar. Como entretenimiento, me gustaría ser descubridor de chuches escondidas: no dejaría ni una, aunque estuviera horas buscando. Con esto quiero dar algunas ideas de cómo dar un trabajo a nuestro perro, a la vez que ocupamos su día (sobre todo cuando no estamos en casa).

Hacer realizar a nuestro perro un circuito imaginario de camino al parque (subir y bajar bancos, zig-zags en las farolas, etc.); disciplinar sus rutinas diarias: hacer que se siente antes de ponerle la correa para salir a la calle; que espere tranquilo con la puerta de la calle abierta; que pasee concentrado a nuestro lado o junto al carrito del bebé; que tenga claro cuánto puede alejarse en el parque; que sepa dónde puede y no puede hacer pipi; que no ladre cuando suene el timbre; etc. etc. etc. Hacer todas estas cosas equivale a tener un trabajo en la vida de un perro. Saber qué debe hacer en todo momento y hacerlo, para así ganarse las cosas buenas de la vida: comida, caricias y una buena cama.

Cuando no le decimos a nuestro perro cómo debe comportarse en las diferentes situaciones que vive, si no le proporcionamos herramientas de nuestro agrado para gestionar una situación concreta, escogerá una propia (instintiva o adquirida de manera inconsciente), lo que no asegura que sea de nuestro agrado, aun siendo una reacción normal en un perro. Cuando un perro ladra por aviso a la llegada de desconocidos, no se interpreta de la misma forma por un granjero que quiere que proteja su casa, que por una familia que vive en un bloque de pisos y donde el perro molesta a los vecinos si lo hace. El comportamiento es el mismo en las dos situaciones y natural en un perro. La cuestión es dejarle claro al perro si estamos de acuerdo con la conducta, por lo que se sentirá orgulloso (y nosotros de él); o si no lo estamos, que será en lo que debemos trabajar para modificar dicha conducta y crear una nueva rutina (trabajo) de nuestro agrado, por la que se sentirá orgulloso (y nosotros de él).

Conocer a nuestro perro y saber lo que le gusta, nos ayuda a proporcionarle trabajos satisfactorios para realizar, a la vez que son de nuestro agrado. Como a las personas, un trabajo nos ayuda mucho psicológicamente, pero mucho más si nos gusta. Por ejemplo, si nuestro perro es un labrador, al cual le encanta recoger cosas, podemos enseñarle a recoger los juguetes del suelo al cubo. Aunque perdamos (invirtamos) días en enseñarle ese ejercicio, además de proporcionarle un trabajo, nos lo ahorra a nosotros  y, durante el tiempo que invertimos en enseñar el ejercicio, además de ser un trabajo en sí, proporciona comunicación dueño-perro y una disciplina (importantísimos en una buena relación). Mi braca de Weimar me ayuda activamente a arrancar las malas hierbas del jardín, ¡le encanta! A mi pastor alemán sólo tienes que indicarle dónde quieres plantar algo para que te haga el hoyo. A Perla, una labradora, sólo tienes que llevarla al campo para que te traiga una muestra, en forma de rebozado lateral, de la kk más cercana… un trabajo que, aunque repugnante para nosotros (en ella, deberíais ver qué cara de felicidad), semi-consiento por tratarse de un trabajo instintivo.

Los perros no son muebles que pasen horas durmiendo a la espera que les demos un achuchón. Antes de salir de casa, piensa qué va a hacer tu perro durante tu ausencia; cuando estés con él, asegúrate que sabe lo que tiene que hacer, y agradéceselo cuando lo haga; haz que tenga un “qué hacer” en su día a día para que así pueda, de vez en cuando, disfrutar de un buen día “de perros”.

By ZOOLAND

 

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